La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será exaltado en aquel día. Isaías 2:17
Dios no bendice el orgullo. El hecho de que existan personas arrogantes que parecen manipular las circunstancias a su favor no significa que cuenten con el respaldo del Señor. Al contrario, “Dios resiste a los soberbios” (1 Pedro 5:5), y tarde o temprano los humillará. Sin embargo, es fundamental comprender que el éxito aparente no siempre refleja verdadera bendición. Muchas personas construyen cuidadosamente una imagen que hace parecer que todo en su vida es perfecto, cuando en realidad no lo es. Con frecuencia, quienes viven dominados por el orgullo y el narcisismo son profundamente infelices: buscan constantemente el control, intentan demostrar su valor y sienten envidia de los demás.
Jesús tiene algo mucho mejor para quienes le pertenecen. La respuesta de Dios a nuestra necesidad de reconocimiento, posición y poder es la humildad. Él quiere darnos vidas llenas de significado, valor y propósito. Que el Padre nos conceda sabiduría para reconocer el orgullo en nuestra vida y arrepentirnos de él. Porque es cuando nos humillamos delante de Dios —entregándole el control, aceptando la identidad que Él nos da y considerando a los demás como superiores a nosotros mismos— cuando verdaderamente nos bendice y nos exalta.
Señor, líbrame del orgullo y de buscar valor en la aprobación o reconocimiento de los demás. Enséñame a caminar en humildad y a encontrar mi identidad solamente en ti. Ayúdame a servir con un corazón sincero y a reconocer que toda bendición proviene de tu gracia. Que mi vida refleje siempre la humildad de Cristo. En el nombre de Jesús, amén.