Orando La Palabra: Génesis 16

Devocional:

Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai. (Génesis 16:1-2)

Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai. (Génesis 16:1-2)

Perdidos y desesperados, nuestra única defensa es huir de nuestros problemas. Nuestros problemas -que van desde la muerte de un ser querido hasta los chismes sobre nosotros en el trabajo- pueden desfilar como gigantes que creemos que no podemos enfrentar. Nuestra mayor derrota en nuestras batallas es medir nuestra propia fuerza contra nuestros problemas, en lugar de medir la fuerza de Dios contra ellos.

En Génesis 16, Agar enfrentó un problema aparentemente imposible. Era la esclava de Sarai. Y, cuando Sarai y Abram perdieron la fe en la capacidad de Dios para superar la esterilidad de Sarai, Sarai obligó a Agar a acostarse con Abram para tener un hijo para ellos. Cuando Agar quedó embarazada, los celos y la ira se apoderaron de Sarai. Entonces, Agar decidió huir. (Génesis 16:1-6).

Mientras huía, «el ángel del Señor encontró a Agar…». (Génesis 16:7). Note que el Señor encontró y vino a Agar durante su situación desesperada.

Mientras hablaba con el ángel del Señor, Agar se dio cuenta de dónde debía venir su fuerza. Génesis 16:3 dice: «Ella dio este nombre al Señor que le hablaba: ‘Tú eres el Dios que me ve’, pues dijo: ‘Ahora he visto al que me ve'».

Dios desea acercarse a los que tienen el corazón roto y están golpeados por la vida. Hay momentos en los que puede parecer que Dios se ha olvidado de nosotros. Agar nos recuerda que Dios nos ve. Él ve todos los problemas, grandes y pequeños. Él conoce cada detalle, cada emoción, cada pensamiento que tenemos.

Cuando entregamos nuestras circunstancias a Aquel que nos ve, podemos dejar de correr y darnos la vuelta. Y como Agar, podemos enfrentarnos a nuestros gigantes con una fuerza piadosa. Recuerda que «somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8:37).

Oración:

Padre, cuando enfrente a poderosos gigantes  en comparación con mis propias fuerzas, recuérdamete que cuento contigo y que en Ti, los que creemos somos más que vencedores y podemos descansar confiados de que Tu mano no nos dejará caer. En El Nombre de Jesús, Amén.

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Confía en DIOS 

"Se feliz, porque la piedra nunca es tan grande si confías en Dios, porque las injusticias acaban pagándose, porque el dolor se supera, porque el coraje te levanta, porque el miedo te fortalece, porque los errores te hacen aprender y porque nadie es perfecto. DIOS hoy, camina contigo. Feliz Día."

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