Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. Juan 12:26
Existe un tremendo contraste entre lo que enseña la Palabra y lo que promueve el mundo. Nuestra cultura valora el poder, el liderazgo y la ambición, pero para el cristiano, servir a Dios es nuestro mayor honor.
A veces la gente piensa erróneamente que sólo son siervos de Dios los que participan en el trabajo oficial de la Iglesia, pero todo creyente está llamado a servir al Señor. Él nos coloca en situaciones, vocaciones y lugares en los que podemos tener un impacto para Cristo. Piensa en la ama de casa que cría hijos piadosos o en un hombre postrado en cama que ora regularmente por la familia de su iglesia. Aunque ninguna de las dos responsabilidades implica poder o reconocimiento mundanos, ambas sirven al Señor, y a Él le complace esa fidelidad.
No hay cargos sin importancia en el reino del Señor. El tipo de servicio puede cambiar con las estaciones de la vida, pero siempre estamos de servicio para Él. Para cumplir Sus propósitos, el Señor utiliza cualquier habilidad y don que tengamos.
Qué impresionante privilegio es formar parte de la obra de Dios en la tierra. Él no necesita nuestra ayuda, pero ha elegido incorporar nuestras contribuciones a Su plan maestro. Aunque no podemos hacer nada sin Su ayuda, Él se siente honrado por nuestro servicio.
Dios Te Bendiga.