Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Ezequiel 18:30
¿Hay algún asunto sin resolver que sigue apareciendo cada vez que pasas tiempo con Dios? ¿Existe un deseo oculto, algún pecado secreto o una relación que necesita ser restaurada o terminada? Suelta aquello que te estorba; no te está ayudando. Solo te impide experimentar el gozo, el propósito y la libertad que realmente anhelas.
Tal vez sea doloroso dar ese paso de obediencia debido a la dependencia que has desarrollado. Quizá reconoces que ese pecado está interfiriendo con tu utilidad para el Señor, pero no puedes obligarte a dejarlo porque el miedo te paraliza. Sin embargo, entiende esto: al otro lado de la obediencia se encuentra la decisión de Dios. Él puede sanar tus heridas más profundas, darte libertad, contentamiento y una comprensión más amplia de lo que desea hacer a través de tu vida.
Por eso, tu desafío es mirar aquello que te mantiene en esclavitud a la luz de la eternidad y evaluar su verdadero valor. Cuando lo compares con la inmensidad del amor, la misericordia, la sabiduría y la fuerza del Señor, verás cuán insignificante es la trampa terrenal que hoy te aprisiona, y cuán abundante es la recompensa de obedecer a Dios. Así que da ese paso de fe y sé libre.
Señor, dame el valor para obedecerte aun cuando hacerlo sea difícil. Ayúdame a soltar todo aquello que me aleja de ti y me impide caminar en libertad. Sana mis heridas, fortalece mi fe y lléname de confianza en tus promesas. Que siempre prefiera tu voluntad por encima de cualquier cosa que me retenga. En el nombre de Jesús, amén.