Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias. Colosenses 4:2
Los primeros cristianos recibieron instrucciones de:
- orar sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17);
- perseverar en la oración (Romanos 12:12);
- orar «en el Espíritu en todo momento» (Efesios 6:18).
¿Te parece demasiado difícil? Tal vez estés pensando: «Pero necesito dedicar tiempo a mi trabajo, prestarle atención a mis hijos, pagar mis cuentas. ¿De dónde voy a sacar tiempo para orar sin cesar?».
En ese caso, necesitas cambiar tu forma de ver la oración. Piensa en ella no tanto como una actividad formal delante de Dios, sino más bien como una manera de prestarle atención a Él. Procura vivir continuamente de este modo. Reconoce la presencia de Dios en todas partes. Ora diciendo: «Gracias, mi Dios, por estar aquí» mientras esperas en la fila para pagar el estacionamiento; «Gracias por tu presencia, mi Rey» mientras empujas el carrito en el supermercado; o «Te alabo, mi Creador» mientras lavas los platos.
A Dios le encanta escuchar nuestra voz. Siempre. Él no se esconde cuando lo llamas. Él escucha todas tus oraciones. Por lo tanto, «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias» (Filipenses 4:6).
Es común que veamos la oración como un quehacer más en nuestra lista de tareas, en lugar de una línea de comunicación constante, basada en el amor y en la relación. Imaginamos que para orar se requiere un ambiente silencioso, una actitud reverente y palabras santas. Sin embargo, ¿qué pasaría si «orar sin cesar» no fuera otra cosa que prestar atención a Dios y a sus regalos? ¿Un camino de paz que neutraliza las preocupaciones de este mundo? Si tu forma de concebir la oración está limitando tu conversación con Dios, recuerda esto:
«Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras» (Romanos 8:26).
Señor, te doy gracias porque siempre estás dispuesto a escucharme. Perdóname por las veces que he convertido la oración en una obligación o he pensado que estaba demasiado ocupado para hablar contigo. Ayúdame a ser consciente de tu presencia en cada momento de mi día, desde las tareas más sencillas hasta los grandes desafíos. Que mi corazón mantenga una conversación constante de amor, gratitud y confianza contigo. Enséñame a prestarte atención en todo tiempo y a descansar en la paz que solo tu compañía me puede dar. En el nombre de Jesús, amén.