Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio. 2 Juan 1:6
“Que andéis en amor”. La instrucción principal del versículo de hoy, de la boca del Apóstol Juan, a primera vista suena tan sencillo, tan atractivo. Pero luego vemos la realidad que nos rodea y entonces no es difícil preguntarse: ¿por qué no hay más personas que lo pongan en práctica?
Y la realidad, es que tal verdad, va directamente en contra de nuestros peores instintos. No olvidemos que fuimos rebeldes desde el principio. Eva, persuadida por la serpiente, sintió temor de que Dios le estuviera ocultando algo. Así que decidió tomar su propio camino y arrastró a Adán con ella; ambos huyeron de la presencia de Dios. Podríamos pensar que hoy en día somos más sabios, pero la realidad es que todos seguimos insistiendo en hacer las cosas a nuestra manera y cayendo en los mismos errores.
Es parte de la naturaleza humana rebelarse cuando pensamos que alguien nos oprime, se aprovecha de nosotros o nos toma por tontos. Pero de quién estamos hablando es de Dios, no de un embaucador, un político deshonesto o un tirano de poca monta. Él no tiene nada que demostrar ni nada que ganar. Él creó absolutamente todo, así que todo le pertenece. Para decirlo sin rodeos: podemos confiar plenamente en Él.
Por lo tanto, deja a un lado esos temores. Si sientes el impulso de rebelarte, rebélate contra la rebelión misma. Los «mandamientos» de Dios no son cargas, sino instrucciones de cómo caminar a su lado. Deja de avanzar por tu propio rumbo y comienza a seguir el suyo; sólo así sabrás lo que verdaderamente significa caminar en amor.
Dios mío, tú me amas. Deseas acompañarme y guiar cada uno de mis pasos. ¿Por qué tendría entonces que empeñarme en seguir mi propio camino? Toma mi mano, Señor; anhelo que caminemos juntos. En El Nombre de Jesús, Amén.