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Mujer victoriosa #252: No olvides Su inmensa fidelidad

Mujer victoriosa #252: No olvides Su inmensa fidelidad

Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? 2 Samuel 7:18

Detenernos a reflexionar en todo lo que Dios ha hecho por nosotros —y en todo lo que ha prometido hacer— es una experiencia que nos llena de una profunda humildad.

Eso fue exactamente lo que sintió David tras la visita del profeta Natán, quien le transmitió el mensaje del Señor. Luego de recordarle los peligros y adversidades de los que ya lo había librado, Dios le reveló todo lo que aún tenía proyectado para su vida. Las promesas divinas eran tan majestuosas y abundantes que debieron resultar abrumadoras para aquel hombre que, en sus inicios, no era más que un sencillo pastor de ovejas.

Al contemplar el recorrido de David, resulta inevitable mirar nuestro propio caminar. ¿Cuántas veces nos hemos detenido a contar las victorias que Dios nos ha dado y las promesas que aún sostienen nuestro futuro? A menudo, la prisa cotidiana nos ciega ante la magnitud de su fidelidad, pero cuando nos deleitamos en su presencia —al igual que el rey David—, el orgullo se disipa y la gratitud toma el control. Reconocer que donde estamos hoy es resultado directo de las gracias, recibidas de su mano, y no de nuestro propio mérito, transforma por completo nuestra perspectiva.

Recordemos que David no fue el único en recibir promesas de bendición. Abram (Génesis 15:1–17), Moisés (Éxodo 3:1–22) y Josué (Josué 1:1–9) son solo algunos ejemplos de personas que recibieron compromisos divinos tan asombrosos que los dejaron maravillados.

Y es que el deseo constante de Dios por derramar tales bendiciones sobre su pueblo es un reflejo claro de su sublime gracia, la cual nos extiende cada día de manera generosa. Expreshamos nuestro agradecimiento al igual que David: con una actitud humilde y una oración llena de alabanza.

¡Padre, te alabo! Tus bendiciones son infinitas y superan por completo lo que merezco. Las recibo con sincera gratitud y con un corazón lleno de gozo. En El Nombre de Jesús, Amén.

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Confía en DIOS 

"Se feliz, porque la piedra nunca es tan grande si confías en Dios, porque las injusticias acaban pagándose, porque el dolor se supera, porque el coraje te levanta, porque el miedo te fortalece, porque los errores te hacen aprender y porque nadie es perfecto. DIOS hoy, camina contigo. Feliz Día."

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