Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré. Jeremías 29:12
La oración es el gran común denominador que une a todos los grandes personajes de la Biblia y a los millones de creyentes que han caminado con firmeza a lo largo de la historia. Moisés la practicaba; Abraham también. Desde el rey David y Salomón, hasta Ester, Débora, Daniel y José; todos los profetas hicieron de la oración su estilo de vida.
Nosotros debemos asumir la responsabilidad por lo que sucede en la tierra y darle forma a nuestra realidad a través de nuestra vida de oración. Como bien dice la Palabra:También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar (Lucas 18:1).
Te invito a que hoy mismo comiences a descubrir el poder, la autoridad y los beneficios espirituales que surgen de una vida, de continua oración. Es momento de que te posiciones como un canal de fe para que la influencia del cielo transforme los asuntos terrenales. ¡Recuérdalo bien: el cielo depende de ti y la tierra te necesita!.
La oración no es una carga religiosa; está diseñada para ser uno de los aspectos más apasionantes de tu vida de fe. Tiene el poder absoluto para transformar vidas, cambiar cualquier circunstancia, darte paz en medio de la prueba más dura, alterar el curso de las naciones y ganar las cosas de este mundo para Cristo.
No lo olvides: El poder de la oración no es un privilegio para unos pocos, es la herencia de cada creyente, dada a Su creación, cómo tesoro, por nuestro Padre de los cielos.
Padre celestial, hoy te doy gracias por los ejemplos que nos dejaste en tu Palabra de hombres y mujeres que se dedicaron a buscarte. Señor, ayúdame a cultivar una vida de oración que no se quede en palabras, sino que traiga transformaciones poderosas a mi familia, mi comunidad y mi nación. En el nombre de Jesús, amén