Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Salmos 63:1-2
¿Alguna vez te has sentido estancado al leer la Biblia? ¿Desmotivado y quizás un poco culpable por sentirte así? Incluso a mí me pasa; hay días en que mi tiempo con Dios se siente más como una rutina que como un momento de revelación.
Tener un tiempo devocional es una disciplina espiritual hermosa, pero me he dado cuenta de que incluso las cosas buenas necesitan un cambio. De lo contrario, empezamos a postergarlo y, antes de que nos demos cuenta, pasan días sin conectarnos con Dios. Entonces nuestra alma se siente hambrienta y agotada. El problema es que el cerebro no siempre reconoce el “hambre del alma” tan rápido como el hambre física, y solemos culpar al cansancio o a las hormonas.
No necesito solo más “tiempo a solas”, necesito más “tiempo de escucha“.
Recientemente, decidí sentarme con Dios con la única disposición de escuchar, y quiero compartirte tres formas en las que lo estoy haciendo:
- Entregarle mis primeros pensamientos: Le dedico mis primeros cinco minutos del día a leer la Biblia antes de revisar mi teléfono.
- Leer a personas que admiro: Elijo libros con base bíblica escritos por personas sabias que entienden mis luchas.
- Recordar la fidelidad de Dios: Reviso diarios antiguos o recuerdo oraciones contestadas. Si Él fue fiel en mi pasado, lo será hoy. Respiro Sus promesas y suelto la ansiedad.
Esto es diferente; es un tiempo de escucha. Es salir de la rutina para oír a Dios hablar a través de Su Palabra, de personas de confianza y de Su propio carácter fiel.
Querido hermano y hermana que me lees, nunca sacrifiques por nada, un momento de oración junto al Señor; el tiempo en la Palabra de Dios nunca será tiempo perdido.
Señor, mi deseo más profundo es cultivar una relación más fuerte contigo. Ayúdame a salir de cualquier rutina en la que me encuentre para poder acercarme a Ti y oír Tu voz. Quiero que mi fe se fortalezca en Tu presencia. Por ello te pido que cultives en mí un corazón que anhele pasar tiempo en Tu Palabra, guíame a lograrlo, Padre, te lo pido, en el nombre de Jesús, Amén