“Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él”. Salmos 33:20
Hay momentos en los que vas delante del Señor en oración, le preguntas acerca de alguna situación y sientes la seguridad de que responderá tu petición. Pero luego pasa un largo tiempo de silencio. Para empeorar las cosas, durante ese período Dios puede no darte ninguna señal de lo que está haciendo, y hasta podrías preguntarte: “¿Realmente me escuchó?”.
¿Qué estás aprendiendo cuando el Señor permite esos espacios de silencio en tu vida? Una de las lecciones más importantes es aprender a dejar que Dios sea Dios. Él obrará en lo invisible y de maneras que no puedes imaginar. Necesitas dejar en sus manos el “cómo” y el “cuándo”. No intentes interferir ni manipular las circunstancias, porque eso solo traerá confusión. Él te mostrará cuándo y cómo actuar.
Recuerda que el Señor siempre reserva lo mejor para quienes están dispuestos a esperarlo con fe, incluso cuando no pueden ver nada sucediendo. Así que considera esto: ¿confías en Dios lo suficiente como para permanecer cerca de Él y esperar? Porque quienes ponen su esperanza en el Señor jamás serán avergonzados.
Señor, enséñame a esperar en ti con paciencia y confianza, aun cuando no vea respuestas inmediatas. Ayúdame a descansar en tu tiempo perfecto y a no tratar de controlar aquello que está en tus manos. Fortalece mi fe en los momentos de silencio y recuérdame que siempre estás obrando para mi bien. En el nombre de Jesús, amén.