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26 de Diciembre: El Bien triunfa sobre El Mal

Escucha:

“A ti alcé mis ojos, A ti que habitas en los cielos. He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, Y como los ojos de la sierva a la mano de su señora, Así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios, Hasta que tenga misericordia de nosotros. Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros, Porque estamos muy hastiados de menosprecio. Hastiada está nuestra alma Del escarnio de los que están en holgura, Y del menosprecio de los soberbios” (Salmos 123)

Piensa:

El bien siempre triunfa al final.

Seguro has visto gran cantidad de historias que terminan con un giro extraordinario de acontecimientos y la víctima es la que al final obtiene la victoria. El chico tímido que es molestado por el más grande y fuerte termina sometiéndolo y hasta tratándolo con clemencia. Podemos enumerar varias historias desde películas de acción hasta cuentos fantásticos donde ocurre de esta manera.

Creo que en la vida real, tarde o temprano acontece lo mismo y a pesar de que muchos pudieran decir que no es lo frecuente, siempre tenemos la esperanza de que el más débil salga victorioso, porque seguro alguna vez hemos estados expuestos a personas que nos han podido intimidar por su poder o de alguna manera por su mal carácter.

Si vemos la realidad de Jesús, esta realidad es la que nos indica que al final el bien es el que triunfa. Él nos brinda un poder maravilloso para resurgir de nuestras debilidades y acometer lo que parece imposible, usando como herramienta principal la palabra de Dios plasmada en las escrituras.

La evidencia es clara y es que Jesús se rodeaba de los oprimidos, se regocijaba en ellos y por ellos abogaba. Tenía un profundo sentido de la misión que por y para los abandonados debía cumplir. Lo expresa en las escrituras: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor” (Lucas 14:18)

En la evidencia de la palabra se puede resumir la grandiosa ley de misericordia y compasión impuesta por Jesús: El poder que hiere no es poder que dura. Tarde o temprano el amor de Dios triunfará.

Ora:

Señor, solo en ti encuentro la esperanza que me mantiene de pie ante la injusticia. Dame el coraje para luchar por aquellos oprimidos recordando que solo tu amor triunfará al final. Amén.

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