He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Lucas 24:49
Creer que Jesús fue solo un buen ejemplo moral limita el poder de nuestra fe. Él no solo vino a enseñarnos cómo vivir, sino a impartirnos Su vida y Su poder. La resurrección demuestra que Cristo venció el pecado y la muerte, y que esa victoria ahora está disponible para quienes confían plenamente en Él.
Muchos creyentes intentan vivir la vida cristiana con sus propias fuerzas, lo que conduce al agotamiento y al desaliento. Pero Jesús prometió poder del cielo a través del Espíritu Santo. No estamos llamados a agradar a Dios por esfuerzo humano, sino a vivir dependiendo de Su poder sobrenatural.
Cuando reconocemos nuestra insuficiencia y confiamos en Su Espíritu, Dios obra en nosotros más allá de lo que podemos pedir o imaginar. La vida cristiana no se vive en nuestra fuerza, sino en la Suya.
Padre, reconozco que no puedo vivir esta vida cristiana por mis propias fuerzas. Hoy decido depender del poder de Tu Espíritu Santo. Lléname de Tu fuerza, Tu sabiduría y Tu gracia para vivir conforme a Tu voluntad. Que mi fe descanse plenamente en Ti y no en mí mismo. Glorifícate en mi vida cada día. En El Nombre de Jesús, Amén.