Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia. 1 Pedro 1:14
La noche de la última cena, Pedro declaró con valentía que estaba dispuesto a ir con Jesús incluso a la prisión y a la muerte. Sin embargo, pocas horas después, cuando enfrentó la presión real, negó al Señor tres veces. No fue falta de amor, sino falta de fuerza espiritual. Pedro intentó mantenerse firme confiando en sus propias capacidades… y falló.
La buena noticia es que la historia de Pedro no terminó allí. En el libro de los Hechos vemos a un hombre completamente transformado. El Espíritu Santo moraba en él, dándole poder, valentía y firmeza para proclamar a Cristo sin temor. Lo que Pedro no pudo hacer en sus propias fuerzas, Dios lo hizo posible mediante Su Espíritu.
Lo mismo es cierto para nosotros. No estamos llamados a resistir las pruebas, los ataques ni las esperas prolongadas con nuestra propia fortaleza. El poder para permanecer firmes proviene del Espíritu Santo que habita en nosotros. Cuando confiamos en Él, podemos soportar las batallas más intensas y caminar con fidelidad.
Espíritu Santo, reconozco que no puedo mantenerme firme por mis propias fuerzas. Lléname de tu poder y enséñame a depender de ti en cada circunstancia. Ayúdame a permanecer fiel, aun cuando enfrente oposición o debilidad. Quiero caminar confiado en tu presencia y en tu fuerza diaria. En El Nombre de Jesús, Amén.