Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. Salmos 62:5
Cuando esperas en el Señor por una respuesta o una oportunidad, puede parecer que estás perdiendo el tiempo. Incluso podrías sentir que tu vida se encuentra en pausa. Como David, quizá te descubras clamando: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Salmos 13:1). Pero así como Dios no abandonó a David, tampoco te ha abandonado a ti. Durante aquellos tiempos de espera, el Señor realizó una obra profunda en la vida y el carácter de David, y hace lo mismo contigo.
Por eso, comprende que tu vida no está detenida. Al contrario, debes colocarte activamente en una posición de obediencia para recibir las instrucciones que Dios tiene para ti. Esperar en el Señor requiere fortaleza y valentía; no es una invitación a la pasividad, a la irresponsabilidad o a la pereza. Más bien, debes buscar obedecer al Padre minuto a minuto y permanecer cerca de Él mientras aguardas la respuesta a tus oraciones.
No te impacientes ni te apresures a encontrar una solución por tus propias fuerzas, porque podrías obstaculizar el plan que Dios está desarrollando. En cambio, confía en el tiempo perfecto del Señor y permite que Él haga su obra esencial en ti y en tus circunstancias. Sin duda, Él irá mucho más allá de lo que puedas imaginar.
Señor, enséñame a esperar en ti con paciencia y confianza. Ayúdame a no desesperarme ni a correr delante de tus tiempos perfectos. Fortalece mi corazón para obedecerte fielmente mientras aguardo tus respuestas. Que nunca olvide que aun en las temporadas de espera estás obrando para mi bien y para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén