Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Juan 16:3
Jesús advirtió a Sus discípulos que vendría un tiempo en que serían perseguidos por líderes religiosos. Serían expulsados y maltratados, y algunos incluso pensarían que al hacerlo estaban sirviendo a Dios.
Esto mismo ocurrió con Saulo, quien perseguía a los creyentes con sinceridad, convencido de que estaba honrando a Dios. Pero Jesús lo confrontó diciendo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4).
Esto nos muestra algo importante: es posible estar tan enfocado en “servir a Dios” que, sin darnos cuenta, perdamos de vista quién es Él realmente. Esto puede suceder incluso dentro de la iglesia. Jesús no cuestiona la sinceridad de las personas, pero sí señala el problema de fondo: no lo conocen verdaderamente.
Cuando nos enfocamos más en la religión, en nuestras propias ideas o en actividades externas, corremos el riesgo de alejarnos de una relación genuina con Dios. Y sin darnos cuenta, podríamos estar resistiendo Su obra en lugar de seguirla.
Por eso, asegúrate de que tu relación con Dios sea lo más importante. Ponlo a Él en primer lugar, y Él te guiará a vivir de una manera que verdaderamente lo honre.
Padre, ayúdame a mantener una relación genuina contigo y no solo una apariencia de religiosidad, pues no deseo ser solo aquella persona que escuche tu palabra, sino una que haciendo lo que ella guarda, te rinda la mayor de las glorias. Por ello, guárdame Señor de desviarme de Tu verdad y de actuar sin conocerte realmente. Enséñame a seguirte con un corazón sincero y a vivir de una manera que te honre en todo. En El Nombre de Jesús, Amén.