Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20
Cuando estaba en el seminario, tuve un profesor extraordinario que marcó mi vida. Cada vez que enseñaba, lo escuchaba con atención, porque sus acciones y su conducta reflejaban con claridad la presencia viva de Dios. Como sabio, las ocasiones que compartí con él en su despacho eran memorables, pues veía a Dios en todo lo que decía y hacía. Después de cada conversación, salía con la sensación de estar más cerca de Jesús.
Este profesor fue un ejemplo admirable de cómo permitir que nuestro viejo y terrenal modo de vivir sea crucificado con el Salvador nos convierte en testigos verdaderamente transformados. Jesús toma el control de nuestra vida y actúa de tal manera que produce cambios profundos y poderosos en las personas.
Tú también puedes ser un testimonio vivo del poder de Cristo, tal como lo fue mi profesor. Si permites que el Señor viva a través de ti, quienes te rodean podrán tener encuentros genuinos y transformadores con Jesús. Pero para ello, debes rendirle el control. Vale la pena hacerlo, porque permitir que Cristo viva a través de ti es la experiencia más extraordinaria que podrás vivir.
Padre celestial, quiero rendirte completamente mi vida para que Cristo viva a través de mí. Crucifica mi orgullo, mis deseos egoístas y todo aquello que me impide reflejar Tu amor. Llena mi corazón con Tu Espíritu y permite que mis palabras y acciones acerquen a otros a Jesús. Hazme un instrumento de transformación dondequiera que vaya. Que quienes me rodean puedan ver Tu luz y experimentar Tu gracia por medio de mi testimonio. Enséñame a vivir cada día dependiente de Ti. En El Nombre de Jesús, Amén