E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Mateo 28:7
Dios entregó a Su Hijo para vencer al enemigo supremo: la muerte. Sin embargo, es fácil olvidar esta verdad cuando enfrentamos temporadas de incertidumbre. Los discípulos habían sido testigos de milagros extraordinarios —incluso de la resurrección de Lázaro—, pero aun así quedaron abatidos cuando vieron a Jesús morir en la cruz.
Imagina cuánto más llevaderos habrían sido esos días si, en lugar de desesperarse, hubieran recordado las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida». Quizá se habrían animado unos a otros a esperar con fe, confiando en que Dios aún estaba obrando, incluso cuando todo parecía perdido.
Lo mismo ocurre con nosotros. Cuando enfrentamos decepciones o silencios prolongados, necesitamos volver a centrar nuestra mirada en Jesús. En el reino de Dios, la resurrección siempre sigue a la cruz. Por eso, espera con paciencia, obedece con fe y confía en que el Señor cumplirá Su obra perfecta en Su tiempo.
Señor, ayúdame a recordar tu poder cuando enfrento momentos de duda y desánimo. Recuérdame que tú eres el Dios de la resurrección y que nada es imposible para ti. Dame un corazón perseverante para confiar, obedecer y esperar en ti aun cuando no vea resultados inmediatos. En El Nombre de Jesús, Amén.