Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:31
Recuerdo el encuentro con la misionera Bertha Smith en un aeropuerto cuando tenía aproximadamente setenta y dos años. Yo iba a recogerla para llevarla a un compromiso de predicación en nuestra iglesia, y me sorprendió su energía y vitalidad. En ese momento, tenía por delante varios años más de ministerio activo alrededor del mundo.
Al final del primer día de una conferencia misionera, ella seguía llena de ánimo. Le pregunté si alguna vez se cansaba. Su respuesta fue sencilla, pero profundamente reveladora: no dependía de sus propias fuerzas. Había aprendido a confiar en Dios cada día, reconociendo que por sí misma no podía lograr nada.
Su secreto era vivir en dependencia constante del Señor. Recordaba las palabras de Jesús: “Separados de mí nada podéis hacer”. Por eso, buscaba la fortaleza en Dios, agradecía por ella y avanzaba confiando en Su poder. Esa actitud transformaba su debilidad en una oportunidad para experimentar la gracia divina.
Lo mismo es cierto para nosotros. En medio del cansancio, la debilidad o la fragilidad, Dios está dispuesto a sostenernos. Él renueva nuestras fuerzas y nos capacita para seguir adelante. Espera en Él, confía en Su poder y permite que Su fortaleza sea suficiente en tu vida.
Señor, gracias porque en medio de mi debilidad Tú eres mi fortaleza constante. Hoy reconozco que no puedo avanzar por mis propias fuerzas, pero en Ti encuentro todo lo que necesito. Enséñame a depender de Ti cada día y a confiar en Tu poder en cada circunstancia. Renueva mis fuerzas cuando me siento cansado y levántame cuando me falten ánimos. Ayúdame a caminar en fe, sostenido por Tu gracia. Declaro que en Ti encuentro mi fortaleza y mi esperanza en todo momento En El Nombre de Jesús, Amén.