Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Salmos 33:20
Hay momentos en los que orarás, derramarás tu corazón ante Dios y te sentirás seguro de que Él te ha escuchado. Sin embargo, después, puedes entrar en una temporada de silencio. Pueden pasar días o incluso meses sin respuestas, sin dirección y sin ningún signo visible de progreso. En esos momentos, la duda se cuela y te preguntas: ¿Realmente me escuchaste? ¿Me has olvidado?
¿Qué debes hacer en esas temporadas de espera? Una de las lecciones más básicas de fe es aprender a dejar que Dios sea Dios. Él siempre está trabajando, a menudo de maneras invisibles que tus ojos aún no pueden percibir. El “cómo” y el “cuándo” de Sus respuestas le pertenecen a Él, no a ti. Si intentas manipular o forzar el resultado, corres el riesgo de ensuciar lo que Él pretende para bien.
En cambio, confía en Su tiempo. El Señor reserva lo mejor para aquellos que están dispuestos a esperar con fe, incluso cuando nada parece estar sucediendo. La pregunta es: ¿realmente quieres lo mejor de Dios? Si es así, quédate cerca de Él, confía en Su corazón y espera. Aquellos que ponen su confianza en el Señor nunca se sienten decepcionados.
Señor, enséñame a esperarte con fe y paciencia. Cuando no pueda ver lo que estás haciendo, ayúdame a confiar en que sigues trabajando por mi bien. Protege mi corazón de la duda y la impaciencia, y evita que trate de controlar lo que solo te pertenece a Ti. Fortaléceme para permanecer cerca de Ti en el silencio, sabiendo que nunca decepcionas. Tú eres mi ayuda y escudo. En el nombre de Jesús, Amén.