En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 1 Juan 4:9
Este breve versículo encierra un significado verdaderamente inmenso. Dios siempre ha estado allí para guiarnos, aun en los momentos en que ni siquiera nos dábamos cuenta de que lo estaba haciendo. Él continúa sosteniéndonos y ayudándonos de formas que tal vez jamás lleguemos a comprender, todo impulsado por su profundo amor hacia nosotros. Y, como bien sabemos, envió a su único Hijo a este mundo para ofreceros el regalo de la salvación.
Muchos aspectos de Dios son un profundo misterio. Jamás podríamos alcanzar a comprender del todo la manera en que Él piensa o actúa. Sin embargo, si hay algo que podemos saber con absoluta certeza, es que Él nos ama. Y es por eso que nosotros le amamos. No existe nada que podamos hacer para que Dios deje de amarnos, del mismo modo en que jamás hicimos nada para ganarnos su amor en primer lugar.
A Dios le importa cada detalle de nuestra vida. Él celebra nuestras victorias y acompaña nuestro dolor en los momentos más difíciles. Como nos recuerda 1 Juan 4:9, ¡Dios demostró su amor por nosotros mucho antes de que naciéramos!
¿Cómo no amar a un Dios que nos amó primero y de una manera tan grande?
Señor, tú me has amado siempre y me amarás por toda la eternidad. ¡Estoy profundamente agradecido! En comparación con el tuyo, mi amor es pequeño, pero te amo con todo mi corazón, y quiero servirte cada día, conforme a la voluntad que me has llamado, para reclamar cada uno de los galardones que has prometido a los que te siguen con fidelidad y te retornan el amor tan grande que has demostrado por Tu creación. En El Nombre de Jesús, Amén.