Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. Santiago 1:5-8
Santiago, el medio hermano de Jesús, no fue uno de los primeros creyentes.
Seguramente no debió ser fácil crecer en un hogar conviviendo con la perfección personificada. Sin embargo, después de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, Santiago se convirtió en un sólido líder de la iglesia primitiva. De hecho, el libro de Santiago se lee como un manual sumamente práctico; casi como una lista de «preguntas frecuentes» sobre cómo vivir la fe cristiana en el día a día.
Al comienzo de este pasaje, Santiago nos dice que, si nos falta sabiduría, debemos pedírsela a Dios, y Él nos concederá esa petición. Los tres versículos anteriores (Santiago 1:2–4) nos enseñan que Dios nos moldea y nos da sabiduría a través de las pruebas y las dificultades, las cuales producen constancia y, finalmente, nos llevan a la madurez espiritual.
Así que, si le pides sabiduría a Dios, prepárate para la tormenta. Y cuando esta llegue, mantente firme y cree; no dudes. Si logramos atravesar esa tempestad tomados de su mano, alcanzaremos la verdadera sabiduría.
Padre, cuando enfrente pruebas y dificultades, ayúdame a soportar la tormenta recordándome que sin importar los contratiempos que enfrente puedo aferrarme fuertemente a ti. Abre mis ojos, Señor. Enséñame. Lléname de tu sabiduría y fe para que tenga presente que no existe tribulación que pueda derrotar ni superar la perfección de Tu poder, En El Nombre de Jesus, Amén.