La ciudad, con todo lo que hay en ella, será consagrada al Señor para su destrucción. Josué 6:17
Fortificada con murallas imponentes, Jericó parecía invencible. Sin embargo, Dios otorgó a los israelitas una victoria milagrosa sobre la ciudad al derribar aquella gran barrera.
En aquellos tiempos, los ejércitos conquistadores solían saquear y confiscar todo objeto de valor de sus enemigos. No obstante, Dios le dio a Josué instrucciones precisas de no tomar absolutamente nada de Jericó, a excepción de los utensilios de oro, plata, bronce y hierro.
El botín prohibido incluía las reservas de grano recién cosechado de la ciudad, un bien comercial de incalculable valor. Sin duda, algunos israelitas se habrán preguntado por qué Dios quería que el alimento fuera destruido, sobre todo considerando que la provisión diaria de maná había cesado poco tiempo atrás. A pesar de las dudas, los soldados obedecieron y quemaron el grano junto con todo lo demás en la ciudad.
En años recientes, los arqueólogos han excavado las antiguas ruinas de Jericó. Sus hallazgos coinciden de manera asombrosa con el relato bíblico, revelando incluso vasijas de barro repletas de grano carbonizado. Aunque algunos consideran que esta batalla es solo un mito, aquellas vasijas quemadas permanecen hoy como testigos silenciosos de la veracidad y exactitud de la Biblia.
Hace milenios, la orden de quemar el grano pudo haber parecido un desperdicio a los ojos de muchos. Pero Dios tenía sus propios propósitos perfectos. Hoy en día, cuando el Señor nos encomienda tareas o nos guía por caminos que parecen extraños o incomprensibles, podemos tener la plena certeza de que Él sigue teniendo sus razones.
Señor, reconozco que a veces tus caminos me resultan misteriosos y difíciles de comprender, y en esos momentos, la ansiedad y la incertidumbre pueden hacer tambalear mi fe. Aun así, creo firmemente que tú conoces el panorama completo y sabes lo que es mejor para mi vida. Por ello, ayúdame a confiar en tu soberanía, para seguir avanzando con fe y obediencia en cada paso que me pidas dar. En El Nombre de Jesús, Amén.