En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. Salmos 94:19
¿Te preocupa ver cómo las personas de mal corazón parecen prosperar mientras que a ti la vida se te llena de obstáculos? Si es así, no estás solo.
Aunque no sabemos con certeza quién escribió el Salmo 94, podemos estar seguros de que el salmista se sentía profundamente frustrado y ansioso al momento de redactarlo. En su clamor, le pide a Dios que les dé «su merecido a los soberbios» (v. 2) y luego despliega una lista de acusaciones contra los malvados.
La ansiedad del autor va en aumento hasta que, entre los versículos 8 y 11, advierte a sus enemigos que corrijan su camino y comiencen a obedecer al Señor. El versículo 19 marca el punto de inflexión: el instante en que el salmista se queda sin palabras. Completamente exhausto y abrumado, detiene su lamento y comienza a alabar a Dios: «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma».
«En la multitud de mis pensamientos dentro de mí…». ¿Describe esta frase lo que sientes en este momento? Cuando la ansiedad nos supera, encontramos un alivio profundo en las palabras del Salmo 94:19. Al rendir nuestras preocupaciones ante Dios y dejarlas en sus manos, Él trae una paz restauradora a nuestra alma.
Amado Dios, en esos días en que la frustración y la ansiedad amenazan con abrumarme y debilitar mi perseverancia y mis fuerzas para seguir adelante y cumplir con Tu voluntad, te pido que te acerques a mi vida, y me libres de toda desesperanza, tristeza o desmotivación. Trae consuelo a mi alma, llena mi corazón de tu paz inquebrantable y recuérdame siempre la bendición de alabarte en medio de cualquier circunstancia, sabiendo que nunca dejarás caído al justo, y que no darás nunca una carga tan grande que mis fuerzas no puedan soportar. En El Nombre de Jesús, Amén.