La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Hebreos 6:19-20
Los primeros cristianos no tenían las ventajas que tenemos hoy. El Nuevo Testamento aún se estaba escribiendo, y dependían en gran medida del testimonio de quienes habían visto a Jesús. Además, muchos fueron perseguidos severamente por su fe.
Sin embargo, nunca perdieron la esperanza.
¿Cómo lograban mantenerse firmes? Se ha descubierto que uno de los símbolos más comunes grabados en las catacumbas era un ancla—una representación de su esperanza firme en Dios por medio de Jesucristo. Ellos entendían que, aunque el mundo fuera incierto y difícil, su vida en Cristo estaba segura.
Cuando sientas que Dios no responde tus oraciones o que las dificultades te rodean, recuerda esta verdad: Jesús no te ha abandonado. Él ha prometido estar contigo siempre.
Dios tiene un plan para tu vida, y en medio de cualquier tormenta, Él es el ancla que mantiene firme tu alma.
Señor, gracias porque en Ti tengo una esperanza firme y segura que me alienta y me fortalece en cada una de las pruebas que lleguen a mi vida. Y por ello sé, que aún cuando las circunstancias sean difíciles, ayúdame a permanecer anclado en Tu verdad. Recuérdame que nunca me abandonas y que siempre estás obrando en mi vida. Fortalece mi fe en medio de cada prueba, y lléname de paz, confianza, paciencia, sabiduría, amor y gratitud cada día. En El Nombre de Jesús, Amén.