Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. 1 Tesalonicenses 5:16-17
La mayoría de los creyentes reconoce la importancia de la oración, pero muchos la practican solo en momentos de crisis o necesidad urgente. Cuando llegan las cargas, también lo hace la comunión con Dios. Sin embargo, el apóstol Pablo nos exhorta a vivir en una actitud constante de oración.
Esto no significa repetir palabras sin cesar, sino mantener una prioridad clara: la presencia de Dios debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón y en nuestra mente. La oración continua es una forma de vivir conscientes de Dios en cada situación.
A lo largo del día, enfrentamos decisiones, conflictos, responsabilidades y desafíos. Si surge un problema, buscamos al Padre. Si hay tensión con otra persona, le pedimos sabiduría. Si todo va bien, le damos gracias. Incluso antes de una conversación importante o una reunión, podemos pedirle claridad, paz y dirección.
Cuando vivimos así, la oración deja de ser una actividad ocasional y se convierte en una forma de vida. Ya no es un recurso de emergencia, sino una actitud constante que permea todo lo que hacemos. De esta manera, aprendemos a depender del Señor momento a momento, confiando en Su guía perfecta.
Señor, enséñame a vivir en comunión constante contigo. Ayúdame a buscarte no solo en la dificultad, sino en cada momento del día. Que Tu presencia dirija mis pensamientos, mis palabras y mis decisiones, y que mi vida refleje una dependencia continua de Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.