Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Hechos 1:8
Antes de la ascensión de Jesús, los discípulos esperaban respuestas concretas sobre el futuro de Israel. Sin embargo, el Señor redirigió su enfoque hacia algo mucho más grande: la obra del Espíritu Santo y el llamado a ser testigos. Jesús no prometió información detallada, sino poder divino para cumplir una misión eterna.
Este pasaje nos recuerda que Dios no siempre responde nuestras preguntas del modo que esperamos. En lugar de explicaciones, muchas veces nos da dirección. En lugar de certeza humana, nos da poder espiritual. El Espíritu Santo no solo nos consuela, sino que nos capacita para vivir y testificar con valentía en un mundo que necesita a Cristo.
Ser testigos no es un rol reservado para unos pocos; es la identidad de todo creyente. Dios está obrando en algo mucho más grande de lo que alcanzamos a ver, y nos invita a participar activamente. Cuando soltamos nuestras propias expectativas y confiamos en Su plan, experimentamos Su poder obrando a través de nosotros.
Señor, gracias porque no me dejas solo, sino que me has dado Tu Espíritu Santo para guiarme, fortalecerme y usarme conforme a Tu voluntad. Ayúdame a soltar mis propias expectativas y a vivir plenamente el llamado que Tú me has dado. Úsame como testigo fiel de Tu verdad y Tu amor, confiando en Tu poder y no en mis fuerzas. En El Nombre de Jesús, Amén.