Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Salmos 34:8
En el ajetreo de la vida cotidiana, es fácil perder de vista lo que realmente importa. El versículo de hoy nos llama a hacer una pausa, a un momento de reflexión y de prueba. Dios nos invita a experimentar su bondad de forma personal y directa. En un mundo que promueve constantemente la autosuficiencia y la independencia, la verdadera felicidad se encuentra en quienes se refugian en El Señor, aún cuando no puedan percibirlo, y mucho más tristemente, creerlo.
Las exigencias modernas y la búsqueda frenética del éxito nos alejan a menudo de la sencillez de confiar en Dios. Sin embargo, cuando nos volvemos hacia Él, descubrimos una fuente inagotable de bondad y amor. La naturaleza, con sus bellezas y maravillas, es una expresión de la bondad de Nuestro Padre de los cielos, y es una de las mayores demostraciones para afirmar que en nuestra relación íntima con el Creador es donde encontraremos la verdadera plenitud.
La bondad de Dios no es sólo un concepto lejano o una idea teológica, sino una realidad tangible que podemos experimentar a diario. Al refugiarnos en El Señor, hallamos paz en medio de las tormentas de la vida, seguridad en medio de la incertidumbre y una alegría que trasciende las circunstancias.
Señor, ayúdame a buscar y experimentar tu bondad cada día. Que encuentre refugio en ti y disfrute de la verdadera felicidad que sólo tú puedes ofrecer. Enséñame a confiar plenamente en tu provisión y a vivir de una manera que te agrade. Concédeme la sabiduría para reconocer tu mano en todos los ámbitos de mi vida y la gratitud para alabarte en todas las circunstancias. En El Nombre de Jesús, Amén.