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Superando una Decepción

En algún momento de nuestras vidas hemos experimentado algún tipo de decepción. Cuando no hemos conseguido un objetivo que nos planteamos, un trabajo por el que luchamos, una prueba para la que nos preparamos o cuando fuimos defraudados por algún ser querido o amistad.

Como creyentes debemos confiar en Jesús como nuestro refugio en los tiempos buenos y malos y servirnos de la sabiduría de las escrituras para afrontar esas situaciones que nos producen una profunda insatisfacción. A la luz de la palabra tenemos varias respuestas para elevar nuevamente nuestro espíritu y recuperarnos de una gran decepción:

Dios siempre ha reconfortado a su pueblo:

En el viejo testamento, las escrituras revelan como EL Señor siempre reconforto a su pueblo ante la angustia y decepción: Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. (Isaías 43:1-2). Dios entregó su promesa de protección, fuerza y guía a todos aquellos que lo aman, todos aquellos que lo buscan y se reconocen como sus hijos.

Dios está al mando:

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Romanos 8:28). Este versículo es una de las escrituras más reconfortantes y positivas de la palabra, porque es la promesa del Señor, en la que brinda a todos los que le sirven con gratitud y fidelidad, la seguridad de que nada podrá ocurrir en sus vidas, que no sea controlado por Él. Dios está en consecuencia, obrando siempre por nuestro bienestar, paz y alivio.

Las pruebas son oportunidades para confiar plenamente en el Señor:

El Apóstol Pablo nos revela como las situaciones adversas son una oportunidad de crecimiento en fe y confianza hacia el Señor: Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; (2 Corintios 1:8-9).

De allí que debemos reconocer las pruebas y cargas que nos traigan, aflicción, pena y decepción como testimonios de que no podemos vivir una vida como creyentes espirituales, en una estrecha relación con Dios, si de alguna forma estamos apartados de Él. Debemos hacernos conscientes de que nuestra defensa es su amor y gracia y que ante cualquier circunstancia el Señor está obrando para nuestro bien (Romanos 8:28)

Jesús es nuestro refugio ante la decepción:

Las palabras de Jesús y sobre Jesús, nos ayudan a levantarnos cuando experimentamos una gran decepción. La calma en su hablar, la sabiduría en sus palabras y su serenidad, son una fuente de refugio que como cristianos debemos tener presentes: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33). En este versículo Jesús habla a sus discípulos de que no hay dudas de que ellos experimentaran duras cargas en sus vidas. Sin embargo, también les hace la promesa de que su poder es mayor que cualquier obstáculo que ellos enfrenten.

Las escrituras nos enseñan que aquellos unidos en Cristo se sobreponen junto a Él: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.  ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:4-5). Jesús nos pone en perspectiva para convertirnos en luchadores de fe, cuando nos dice: porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. (1 Juan 4:4). Asimismo el Apóstol Pablo nos exhorta: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. (Romanos 8:37).

Por ultimo Jesús nos invita a una relación estrecha y profunda con Él, la cual nos traerá una reconfortante paz interna: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27). La paz que Jesús nos ofrece, no es la paz que ofrece el mundo, que se basa en circunstancias cambiantes. El tipo de paz que Jesús nos da, es infinita, profunda, duradera y poderosa y nos preparará para cualquier desafío que se interponga en nuestro camino.

No olvides ante esa gran decepción que has sentido, que Dios reconforta a su pueblo, Él es refugio y calma en tiempos buenos y malos y nadie es más poderoso que Él. Entrégate a Cristo y deja que Él tome control de la situación, con Él al mando, será segura nuestra victoria.

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. (Colosenses 3:15).

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