Paz de Dios

27 de Febrero: Señales de Paz

Escucha:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27)

Piensa:

Una de las señales por las que reconozco que me deje llevar por la prisa, es cuando al recibir algún mensaje, trato de enviar de la forma mas rapida posible, su respuesta. La desesperación de responder a varias conversaciones al mismo tiempo para resolver distintas ocupaciones, en ese momento me parece lo correcto, pero al final del día sin percatarme, puede alejarme de una de las bendiciones más preciosas que Dios nos ofrece: Su reconfortante paz.

Es un ejemplo pequeño y sencillo, pero relata una realidad que puede hoy estar ocupando la vida de muchos: diferentes situaciones, que nos hacen caer en la corriente de ese río convulsionado que es el mundo actual: el trabajo, las finanzas, la salud, las deudas, las ocupaciones diarias en general.

Para rescatar nuevamente esa paz, deberemos enfrentar con convicción un cambio de enfoque, en como enfrentamos nuestra realidad: ¿Que pasaría hoy si decidimos, en cada parte de nuestras vidas, tomarnos una pequeña pausa, solo un minuto, para respirar, para escuchar, para analizar y luego responder? ¿Qué tal si decidimos apartar un instante de cada día para que el silencio sea el que hable y a través de Él podamos conectarnos a la paz y calma que El Señor nos ofrece?

Si bien es cierto, que hay tiempos en los que la vida nos demanda una respuesta rápida, un accionar urgente y determinado, también existen otros en los que debemos bajar el ritmo, tomar respiro y reorganizar las ideas para luego actuar.

Recuerda, Dios nunca está apurado y siempre llega a tiempo a dondequiera que lo necesites. Sólo desea que dejes espacio para la calma y la paciencia y que seas destinatario de su grandiosa paz: Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.(Salmos 29:11)

Ora:

Señor, permíteme cambiar la angustia y preocupación, por el confort de tu paz. Cultiva en mi la paciencia y la calma, recordando que es Tu voluntad de bien la que rige mi vida. Amén.

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