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20 de Octubre: Luz del Mundo.

Escucha:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”(Mateo 5:14-16)

Piensa:

Una amiga, de habilidad natural para la escritura y las letras, agradeciendo al Señor, el don que a través de Él había recibido, le dedico una hermosa poesía a la que tituló “Tú, Luz del Mundo” La misma comenzaba con una de mis frases favoritas, la cual decía: “Quiero caminar junto a Ti como un hijo de Tu luz”

El mundo de hoy se encuentra cubierto por episodios de oscuridad. Guerras, refugiados, enfermedades, violencia, corrupción y una numerosa lista de desconciertos que arropan la vida de muchos, en el miedo y la desesperanza. En ese contexto la única salida, es buscar la luz de Dios y convertirnos en su instrumento.

En el pasaje de hoy, vemos como Jesús utiliza una hermosa metáfora para guiarnos en el camino de convertirnos a través de la luz del Señor, en luz del mundo. Para ello nos indica: 1. Que somos su luz: “Vosotros sois la luz del mundo” 2. No debemos esconder nuestro brillo, sino hacerlo visible a todos, para que este sea observado y reflejado en otros: “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa”.  3. La luz del Señor en nosotros, será el resultado de nuestras buenas obras, conforme a la obediencia de su palabra, reflejada en nuestro carácter, actitudes, acciones y testimonios: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Abramos nuestros ojos para observar cada día la luz del Señor y que ella brille en nosotros. Hagámosla fuerte , cumpliendo su propósito, obedeciendo su palabra y siendo imitadores de Dios como hijos amados (Efesios 5:1)

Como termina el poema: “Que Tu luz brille en mi corazón, Señor”

Ora:

Señor, permíteme seguirte, fortalece mi carácter y lléname de voluntad para ser luz en Tu palabra. Guíame a imitarte como tu hijo amado para que mis buenas obras rindan frutos glorificándote. Amen

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