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01 de Diciembre: Hambre de Dios

Escucha:

Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. (Lucas 19:2-3)

Piensa:

Zaqueo era cómo uno de nosotros. Se hizo rico y se convirtió en jefe de los publicanos. Pero su riqueza no le proporcionó todo. Nunca lo hace. ¡Somos demasiado complejos para ser saciados solo por riquezas, aunque muchos crean lo contrario! . Zaqueo Quería ver a Jesús y eso resultó en un encuentro que se convirtió en uno de los episodios más conocidos de los evangelios. Quería ver a Jesús y terminó descubriendo que Jesús también quería verlo. Y para su gran sorpresa, el Maestro se ofreció a ser su invitado. La vida de Zaqueo comenzó a cambiar ese día.

La historia del publicano de Jericó puede ser leída como una metáfora de la espiritualidad humana. Somos alguien. No somos lo que tenemos y no somos lo que no tenemos. Ricos o pobres, jefes o subordinados, somos alguien y necesitamos a Dios. Zaqueo insistió en buscar a Jesús. Muchos abandonan la búsqueda de Dios. Pero el hambre de Dios no termina porque nos rindamos y tampoco deja de ser hambre de Dios porque le demos otro nombre y tratemos de resolverlo por otros medios. Porque el hambre de Dios no acepta sustitutos. Por más divino que algo nos parezca, eso no hará innecesario a Dios. Incluso la vida religiosa. Así que puede parecer paradójico que un religioso dedicado pueda ser, al mismo tiempo, un espiritualmente desnutrido. Pero sucede y más de lo que podemos imaginar.

Bienaventurado el que descubre su hambre de Dios y no huye de ella. ¡Bienaventurados los que quieren descansar en Su presencia y colocar cada carga en Sus manos. Necesitamos ser encontrados por Dios como Zaqueo lo fue por Jesús. Y lo hizo mientras lo buscaba. Y lo hizo porque no se sentía intimidado por sus propias limitaciones. Que nada te haga desistir: ya sea una pequeña fe, o repetidos errores o constantes dudas. La mayor virtud del espíritu humano es sentir hambre de Dios. Él Te conoce y  ofrece a todos los que quieren acercarse a Él, el deseo de encontrarlo.

Ora:

Señor, permíteme acercarme cada día más a Ti, vivir por las enseñanzas de Tu Palabra y escuchar y aceptar siempre Tu maravillosa voluntad. Amén

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Confía en DIOS 

"Se feliz, porque la piedra nunca es tan grande si confías en Dios, porque las injusticias acaban pagándose, porque el dolor se supera, porque el coraje te levanta, porque el miedo te fortalece, porque los errores te hacen aprender y porque nadie es perfecto. DIOS hoy, camina contigo. Feliz Día."

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